viernes, 17 de noviembre de 2017

Defensa militar en el Pacífico

Acaba de aparecer un nuevo libro sobre  la historia del Pacífico, escrito por Eder Antonio de Jesús  Gallegos Ruíz, enfocado en el estudio de la defensa militar y política del litoral novohispano en el gran océano y su vinculación estratégica con el Sudeste de Asia. 

Fuerzas de sus Reinos. Instrumentos de la guerra en la frontera océanica del Pacífico hispano (1571-1698) es una buena noticia para los lectores interesados en este inagotable tema de la relación con Asia, pues aporta un enfoque novedoso, desde la historia global, que vincula los acontecimientos en Asia y América. Ofrece un cúmulo de información sobre la defensa y gran detalle sobre la fabricación de armamento en ambos lados del océano.  Otra novedad es que el libro ha sido publicado por la editorial mexicana Palabra de Clío, que tiene como lema "Divulgemos la Historia para mejorar la sociedad."  Fuerzas de sus Reinos es el segundo volumen de la colección "El Pacífico, un mar de Historia."  El libro se puede adquirir a un precio muy competitivo en versión electrónica en www.palabradeclio.com.mx

Escribo lo anterior con entusiasmo por dos razones: la posibilidad de acceder a la lectura de textos de calidad y la aparición de nuevos enfoques de estudio. Con internet es posible tener en la pantalla libros y documentos que estaban reservados a especialistas con la capacidad de viajar a las grandes bibliotecas de Europa o Estados Unidos. En segundo término, por largo tiempo los temas del Pacífico estuvieron limitados a un círculo ligado a la historia de la iglesia o a la del comercio. 

El libro de Gallegos Ruíz está estructurado en tres capítulos cuidadosamente delimitados, una breve introducción y un capítulo de conclusiones. La obra cuenta con prólogo del doctor José Antonio Cervera, de El Colegio de México.

A partir de la premisa de que la manufactura de armamento es una obra de la tecnología y del pensamiento estratégico, incluso una obra de arte "del arte de la guerra", el tema de estudio es la estructura política que desplegó la defensa de los puertos en el Pacífico español, así como de la difusión de las técnicas militares para la construcción de armamento. "El sostenimiento material de los sistemas de transporte y defensivos en los arsenales y maestranzas, tanto como el intrumental bélico, requirió un flujo de insumos, agentes y saberes que muestra un proceso de circulación interoceánica" señala el autor.


Los dos primeros capítulos, más de la mitad del libro, pasan revista al contexto estratégico de la expansión española en el Pacífico, con especial interés en las iniciativas de tipo militar que se tomaron desde Manila y que, en términos generales, fracasaron en el objetivo de extender el poderío castellano en la región asiática, pero al menos lograron asegurar la permanencia en las islas filipinas. El libro logra compilar lo más destacado de literatura académica que se ha generado en décadas recientes y ofrece una guía al lector acerca de los temas y fuentes que pueden ser localizadas en medios públicos. Incluso, como hace referencia, es posible acceder a archivos de fuentes primarias por medio de internet.

Es en el segundo capítulo cuando la contextualización histórica da paso a un mayor detalle sobre los avances técnicos de la artillería en China y Japón, así como las prácticas en los puertos portugueses y los conocimientos desarrollados por la armada holandesa al final del siglo XVI. Diferentes tecnologías y formas de hacer la guerrar desataron por aquellos años una competencia militar de gran portento, caracterizada paradójicamente por el intercambio de conocimientos entre los adversarios.

Es interesante la revisión que realiza sobre la cooperación, frecuentemente forzada por las circunstancias, pero siempre tensa entre españoles y portugueses en diversas partes del sudeste de Asia, particularmente en las Molucas, lo que implicaba dos formas diferentes de organización militar.

En la tercera parte del segundo capítulo el autor introduce una amplia sección sobre la confrontación entre los ibéricos y los holandeses, un tema del que hemos venido comentando en las entradas recientes de este blog. Es importante que un estudio elaborado en México rescate el tema y aún hay mucho material para profundizar en las estrategias coordinadas desde la capital de la Nueva España para reducir el impacto holandés en aquellos territorios.

Es precisamente en el tercer capítulo del libro donde se muestra la vinculación profunda entre las necesidades de expansión y defensa con la estructura productiva de la Nueva España. La construcción de fortalezas militares, puertos, navíos y armamento es un tema muy amplio en el que han destacado historiadores mexicanos como Guadalupe Pinzón o Iván Valdéz Bubnov, entre otros. La fundición de cañones usando materiales americanos y asiáticos es un hecho poco estudiado y seguirá siendo de interés para los lectores y especialistas a fin de conocer los patrones de extracción de minerales en algunas zonas de México y Perú. El capítulo ofrece un comparativo de la producción de armamento en Acapulco y Manila que refleja las preocupaciones globales de los administradores de la época y que los estudios hasta ahora han fragmentado en localidades y regiones.

Enhorabuena.

miércoles, 4 de octubre de 2017

El último viaje del buque fantasma


Gabriel García Márquez

Ahora van a ver quién soy yo, se dijo, con su nuevo vozarrón de hombre, muchos años después de que viera por primera vez el trasatlántico inmenso, sin luces v sin ruidos, que una noche pasó frente al pueblo como un gran palacio deshabitado, más largo que todo el pueblo y mucho más alto que la torre de su iglesia, y siguió navegando en tinieblas hacia la ciudad colonial fortificada contra los bucaneros al otro lado de la bahía, con su antiguo puerto negrero y el faro giratorio cuyas lúgubres aspas de luz, cada quince segundos, transfiguraban el pueblo en un campamento lunar de casas fosforescentes y calles de desiertos volcánicos, y aunque él era entonces un niño sin vozarrón de hombre pero con permiso de su madre para escuchar hasta muy tarde en la playa las arpas nocturnas del viento, aún podía recordar como si lo estuviera viendo que el transatlántico desaparecía cuando la luz del faro le daba en el flanco y volvía a aparecer cuando la luz acababa de pasar, de modo que era un buque intermitente que iba apareciendo y desapareciendo hacia la entrada de la bahía, buscando con tanteos de sonámbulo las boyas que señalaban el canal del puerto, hasta que algo debió fallar en sus agujas de orientación, porque derivó hacia los escollos, tropezó, saltó en pedazos y se hundió sin un solo ruido, aunque semejante encontronazo con los arrecifes era para producir un fragor de hierros y una explosión de máquinas que helaran de pavor a los dragones más dormidos en la selva prehistórica que empezaba en las últimas calles de la ciudad y terminaba en el otro lado del mundo, así que él mismo creyó que era un sueño, sobre todo al día siguiente, cuando vio el acuario radiante de la bahía, el desorden de colores de las barracas de los negros en las colinas del puerto, las goletas de los contrabandistas de las Guayanas recibiendo su cargamento de loros inocentes con el buche lleno de diamantes, pensó, me dormí contando las estrellas y soñé con ese barco enorme, claro, quedó tan convencido que no se lo contó a nadie ni volvió a acordarse de la visión hasta la misma noche del marzo siguiente, cuando andaba buscando celajes de delfines en el mar y lo que encontró fue el trasatlántico ilusorio, sombrío, intermitente, con el mismo destino equivocado de la primera vez, sólo que él estaba entonces tan seguro de estar despierto que corrió a contárselo a su madre, y ella pasó tres semanas gimiendo de desilusión, porque se te está pudriendo el seso de tanto andar al revés, durmiendo de día y aventurando de noche como la gente de mala vida, y como tuvo que ir a la ciudad por esos días en busca de algo cómodo en que sentarse a pensar en el marido muerto, pues a su mecedor se le habían gastado las balanzas en once años de viudez, aprovechó la ocasión para pedirle al hombre del bote que se fuera por los arrecifes de modo que el hijo pudiera ver lo que en efecto vio en la vidriera del mar, los amores de las mantarayas en primaveras de esponjas, los pargos rosados y las corvinas azules zambulléndose en los pozos de aguas más tiernas que había dentro de las aguas, y hasta las cabelleras errantes de los ahogados de algún naufragio colonial, pero ni rastros de trasatlánticos hundidos ni qué niño muerto, y sin embargo, él siguió tan emperrado que su madre prometió acompañarlo en la vigilia del marzo próximo, seguro, sin saber que ya lo único seguro que había en su porvenir era una poltrona de los tiempos de Francis Drake que compró en un remate de turcos, en la cual se sentó a descansar aquella misma noche, suspirando, mi pobre Holofernes, si vieras lo bien que se piensa en ti sobre estos forros de terciopelo y con estos brocados de catafalco de reina, pero mientras más evocaba al marido muerto más le borboritaba y se le volvía de chocolate la sangre en el corazón, como si en vez de estar sentada estuviera corriendo, empapada de escalofríos y con la respiración llena de tierra, hasta que él volvió en la madrugada y la encontró muerta en la poltrona, todavía caliente pero ya medio podrida como los picados de culebra, lo mismo que les ocurrió después a otras cuatro señoras, antes de que tiraran en el mar la poltrona asesina, muy lejos, donde no le hicieran mal a nadie, pues la habían usado tanto a través de los siglos que se le había gastado la facultad de producir descanso, de modo que él tuvo que acostumbrarse a su miserable rutina de huérfano, señalado por todos como el hijo de la viuda que llevó al pueblo el trono de la desgracia, viviendo no tanto de la caridad pública como del pescado que se robaba en los botes, mientras la voz se le iba volviendo de bramante y sin acordarse más de sus visiones de antaño hasta otra noche de marzo en que miró por casualidad hacia el mar, y de pronto, madre mía, ahí está, la descomunal ballena de amianto, la bestia berraca, vengan a verlo, gritaba enloquecido, vengan a verlo, promoviendo tal alboroto de ladridos de perros y pánicos de mujer, que hasta los hombres más viejos se acordaron de los espantos de sus bisabuelos y se metieron debajo de la cama creyendo que había vuelto William Dampier, pero los que se echaron a la calle no se tomaron el trabajo de ver el aparato inverosímil que en aquel instante volvía a perder el oriente y se desbarataba en el desastre anual, sino que lo contramataron a golpes y lo dejaron tan mal torcido que entonces fue cuando él se dijo, babeando de rabia, ahora van a ver quién soy yo, pero se cuidó de no compartir con nadie su determinación sino que pasó el año entero con la idea fija, ahora van a ver quién soy yo, esperando que fuera otra vez la víspera de las apariciones para hacer lo que hizo, ya está, se robó un bote, atravesó la bahía y pasó la tarde esperando su hora grande en los vericuetos del puerto negrero, entre la salsamuera humana del Caribe, pero tan absorto en su aventura que no se detuvo como siempre frente a las tiendas de los hindúes a ver los mandarines de marfil tallados en el colmillo entero del elefante, ni se burló de los negros holandeses en sus velocípedos ortopédicos, ni se asustó como otras veces con los malayos de piel de cobra que le habían dado la vuelta al mundo cautivados por la quimera de una fonda secreta donde vendían filetes de brasileras al carbón, porque no se dio cuenta de nada mientras la noche no se le vino encima con todo el peso de las estrellas y la selva exhaló una fragancia dulce de gardenias y salamandras podridas, y ya estaba él remando en el bote robado hacia la entrada de la bahía, con la lámpara apagada para no alborotar a los policías del resguardo, idealizado cada quince segundos por el aletazo verde del faro y otra vez vuelto humano por la oscuridad, sabiendo que andaba cerca de las boyas que señalaban el canal del puerto no sólo porque viera cada vez más intenso su fulgor opresivo sino porque la respiración del agua se iba volviendo triste, y así remaba tan ensimismado que no supo de dónde le llegó de pronto un pavoroso aliento de tiburón ni por qué la noche se hizo densa como si las estrellas se hubieran muerto de repente, y era que el trasatlántico estaba allí con todo su tamaño inconcebible, madre, más grande que cualquier otra cosa grande en el mundo y más oscuro que cualquier otra cosa oscura de la tierra o del agua, trescientas mil toneladas de olor de tiburón pasando tan cerca del bote que él podía ver las costuras del precipicio de acero, sin una sola luz en los infinitos Ojos de buey, sin un suspiro en las máquinas, sin un alma, y llevando consigo su propio ámbito de silencio, su propio cielo vacío, su propio aire muerto, su tiempo parado, su mar errante en el que flotaba un mundo entero de animales ahogados, y de pronto todo aquello desapareció con el lamparazo del faro y por un instante volvió a ser el Caribe diáfano, la noche de marzo, el aire cotidiano de los pelícanos, de modo que él se quedó solo entre las boyas, sin saber qué hacer, preguntándose asombrado si de veras no estaría soñando despierto, no sólo ahora sino también las otras veces, pero apenas acababa de preguntárselo cuando un soplo de misterio fue apagando las boyas desde la primera hasta la última, así que cuando pasó la claridad del faro el trasatlántico volvió a aparecer v ya tenía las brújulas extraviadas, acaso sin saber siquiera en qué lugar de la mar océana se encontraba, buscando a tientas el canal invisible pero en realidad derivando hacia los escollos, hasta que él tuvo la revelación abrumadora de que aquel percance de las boyas era la última clave del encantamiento, v encendió la lámpara del bote, una mínima lucecita roja que no tenía por qué alarmar a nadie en los minaretes del resguardo, pero que debió ser para el piloto como un sol oriental, porque gracias a ella el trasatlántico corrigió su horizonte y entró por la puerta grande del canal en una maniobra de resurrección feliz, y entonces todas sus luces se encendieron al mismo tiempo, las calderas volvieron a resollar, se prendieron las estrellas en su cielo y los cadáveres de los animales se fueron al fondo, y había un estrépito de platos y una fragancia de salsa de laurel en las cocinas, y se oía el bombardino de la orquesta en las cubiertas de luna y el tumtum de las arterias de los enamorados de altamar en la penumbra de los camarotes, pero él llevaba todavía tanta rabia atrasada que no se dejó aturdir por la emoción ni amedrentar por el prodigio, sino que se dijo con más decisión que nunca que ahora van a ver quién soy yo, carajo, ahora lo van a ver, y en vez de hacerse a un lado para que no lo embistiera aquella máquina colosal empezó a remar delante de ella, porque ahora sí van a saber quién soy yo, v siguió orientando el buque con la lámpara hasta que estuvo tan seguro de su obediencia que lo obligó a descorregir de nuevo el rumbo de los muelles, lo sacó del canal invisible y se lo llevó de cabestro como si fuera un cordero de mar hacia las luces del pueblo dormido, un barco vivo e invulnerable a los haces del faro que ahora no lo invisibilizaban sino que lo volvían de aluminio cada quince segundos, y allá empezaban a definirse las cruces de la iglesia, la miseria de las casas, la Ilusión, y todavía el trasatlántico iba detrás de él, siguiéndolo con todo lo que llevaba dentro su capitán dormido del lado del corazón, los toros de lidia en la nieve de sus despensas, el enfermo solitario en su hospital, el agua huérfana de sus cisternas, el piloto irredento que debió confundir los farallones con los muelles porque en aquel instante reventó el bramido descomunal de la sirena, una vez, y él quedó ensopado por el aguacero de vapor que le cayó encima, otra vez, y el bote ajeno estuvo a punto de zozobrar, y otra vez, pero ya era demasiado tarde, porque ahí estaban los caracoles de la orilla, las piedras de la calle, las puertas de los incrédulos, el pueblo entero iluminado por las mismas luces del trasatlántico despavorido, v él apenas tuvo tiempo de apartarse para darle paso al cataclismo, gritando en medio de la conmoción, ahí lo tienen, cabrones, un segundo antes de que el tremendo casco de acero descuartizara la tierra y se oyera el estropicio nítido de las noventa mil quinientas copas de champaña que se rompieron una tras otra desde la proa hasta la popa, v entonces se hizo la luz, y ya no fue más la madrugada d e marzo sino el medio día de un miércoles radiante, y él pudo darse el gusto de ver a los incrédulos contemplando con la boca abierta el trasatlántico más grande de este mundo y del otro encallado frente a la iglesia, más blanco que todo, veinte veces más alto que la torre y como noventa y siete veces más largo que el pueblo, con el nombre grabado en letras de hierro, balalcsillag, y todavía chorreando por sus flancos las aguas antiguas y lánguidas de los mares de la muerte.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Lambert Biesman, el precio de la aventura

Solidaridad con mis compatriotas mexicanos que, una vez  más, sufren una calamidad natural, pero que han sabido estar a la altura con un enorme esfuerzo y gran espíritu.

Esta es la historia de un joven marinero holandés que emprendió dos viajes a Asia y perdió la vida en la batalla de Manila, la cual que hemos venido glosando en las últimas entradas de este blog. La información es tomada de un excelente ensayo elaborado por Fred Swart, que fue publicado en diciembre de 2007, con base en detallada información sobre la vida de Lambert Biesman, nacido en 1573 en Nimega (Nijmegen) en Holanda. En particular, el trabajo histórico rescata varias cartas escritas por Biesman a sus familiares, en las que narra con entusiasmo sus aventuras marítimas. Es un caso similar al de muchos jóvenes apasionados por la aventura y el reto de recorrer el mundo en un momento marcado por el conflicto entre España y los Países Bajos, que anunció el nacimiento de una nueva época de dominio comercial en el mundo.

Lambert Biesman nació en una familia de cómoda situación económica, que había participado de la idea de independencia de las Provincias Unidas para fundar Holanda después de un largo conflicto con España.  El primer viaje que hizo Biesman fue en la expedición comandada por Cornelis de Houtman hasta la actual Indonesia. El largo viaje duró dos años, de abril de 1595 al 14 de agosto de 1597.  Fue un fracaso en términos económicos y un desastre por la muerte de los marineros debido al hambre y el escorbuto. Sin embargo, se le considera la primera aventura de los holandeses en la carrera por las especias, que tendría muchas consecuencias para los portugueses y españoles, como hemos visto.


Llegada de Houtman a Banten, Indonesia, 
imagen de Tropenmuseum, part of the National Museum of World Cultures


La llegada a Banten, Indonesia, 
imagen de Levinus Hulsius (1546-1606) - "Kurze Wahrhaftige Beschreibung der neuen Reise..." (herausgegeben von Levinus Hulsius 1598 in Nürnberg), Sächsische Landesbibliothek Dresden.

Es ampliamente recomendable la lectura del trabajo de investigación histórica escrito por Fred Swart, pero me detendré más en la segunda parte, que narra el segundo viaje de Biesman, esta vez con el comandante Van Noort alrededor del mundo, que hemos venido refiriendo en las entradas anteriores.

En 1598, Lambert Biesman y su primo Jacob eran ya expertos marineros del Oriente. Es seguro que habrán contado sus historias sobre África, la India, Banten, Bali; los climas y sabores diversos, las penurias sufridas y el regreso a Holanda. Por ello fueron escogidos por Olivier Van Noort, un tabernero de Rotterdam, cuando organizaba el gran viaje por la ruta del Pacífico, en la compañía que denominó Magellansche Compagnie.  Un socio de esta aventura era el inglés Thomas Melis (o Melish), quien había sido piloto de Francis Drake y de Cavendish, y que pasaba ahora a ser copiloto de Van Noort.

Importa mencionar que la expedición contaba con el apoyo de Mauricio, principe de Orange, por lo que la nave capitana fue bautizada Mauritius. En la carta de autorización para navegar, firmada por Mauricio el día 28 de junio de 1598, decía:

"Yo, Mauricio, Principe de Orange, he armado estos navíos que estamos enviando a las costas de Asia, África, América y las Indias Orientales para negociar tratados y para comerciar con los habitantes de esas regiones. Pero, como hemos sido informados que los españoles y portugueses son hostiles contra los sujetos de nuestras provincias, e interfieren contra la navegación y el comercio en esas aguas, contrario a los derechos naturales de las ciudades y naciones, damos órdenes explicitas para ir a esas islas, resistir, hacer la guerra, y atacar tanto como sea posible contra los españoles y los portugueses." (*)
No repetiremos detalles sobre el itinerario seguido por la azarosa expedición, que salió del puerto de  Texel el 14 de agosto de 1598, con cuatro navíos, el Mauritius, el Eendracht (Armonía o Unidad), el Handrik Frederick, y el Hoop (Esperanza). Antes de partir, Lambert escribió a su padre una carta de despedida muy emotiva, en la que pide que recen por él; daba cuenta de su capital de 120 guildas, recomendaba que su hermano Wijnandt aprendiera idiomas, estudiara filosofía y aritmética, pues en caso de regresar a Holanda podría recomendarlo para tener un buen puesto de trabajo. Llevaba consigo cuatro sombreros adornados con perlas que esperaba vender en Asia y así obtener buenas ganancias.

Tuvo tiempo de escribir otras tres cartas que logró enviar con un barco holandés que encontraron en las islas Canarias, que venía de Barbaria (Marruecos). 

Al paso por Brasil, el estrecho de Magallanes y al cruzar el océano Pacífico la expedición perdió, como sabemos, dos navíos. Bajo esas circunstancias, Lambert Biesman se convirtió en capitán del Eendracht. La expedición llegó a Manila el 24 de noviembre. Durante varias semanas los dos navíos se dedicaron a robar a los barcos que pasaban, chinos, japoneses y españoles. El Mauritius contaba con cerca de 53 hombres y el Eendracht 24. 

Así llegó el momento de la batalla el 14 de diciembre de 1600. La nave capitana San Diego, comandada por Antonio de Morga se hundió irremisiblemente, el barco de Van Noort quedó gravemente dañado pero pudo huir.  La nave española San Bartolomé, comandada por Juan Alceaga, persiguió la nave de Lambert Biesman y la capturó. 

Biesman, según el testimonio de Van Noort y otros sobrevivientes, resistió fieramente y sólo la garantía de Alceaga de que  los prisioneros serían tratados con justicia hizo que se rindieran. Los prisioneros fueron llevados a Manila y presentados al gobernador Francisco de Tello. Los mutuos reproches entre Morga y Alceaga eran el telón de fondo. Las instrucciones para Alceaga eran en el sentido de perseguir a la nave capitana de Van Noort y no a la segunda nave holandesa. Van Noort había logrado escapar y hacerse paso entre los marineros españoles que trataban de nadar incluso con armaduras en el mar. Aparentemente, usaban picas para rematar a los enemigos sobrevivientes. Morga escribió que 50 españoles murieron de esa manera, mientras que Van Noort habló de 150.

19 holandeses, encabezados por Lambert Biesman, fueron hechos prisioneros en Manila. La documentación que fue recabada por las autoridades españolas es confusa porque Biesman no había sido nombrado oficialmente comandante del barco. La pena capital pesaba sobre todos ellos porque eran acusados de piratería, y no tendrían derecho a juicio, lo que echaba por tierra la promesa de Alceaga de someterlos a proceso.

No obstante, los prisioneros fueron interrogados y seis de los marineros más jóvenes fueron perdonados al convertirse a la religión católica. Otros prisioneros confesaron ser católicos en secreto y también conservaron sus vidas. Biesman en cambio se negó a aceptar la religión del Papa y fue condenado a garrote. Los sacerdotes que participaron en el proceso consideraron que Biesman había sido "el hereje más duro que hubieran encontrado en sus vidas."

Para los holandeses, Lambert Biesman es un héroe por haber resistido hasta el último momento. Para la historia de FIlipinas es un personaje casi desconocido. Los lectores podrán hacer sus propias conclusiones.
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Fred Swart, "Lambert Biesman (1573-1601) of the Company of Trader-Adventurers, the Dutch Route of the East Indies, and Olivier van Noort's Circumnavigation of the Globe." The Journal of the Hakluyt Society, 2007. Disponible en www.hakluyt.com/journal_articles/.../Lambert%20Biesman.pdf

 (*) Swart, op.cit., p.16. Esta es la escencia del debate que hemos mencionado entre Hugo Grocio y Serafim de Freitas. Mar abierto, mar cerrado.
In Memoriam Rogelio Reyes

Un gran amigo.  Profesional y apasionado en la difícil búsqueda en archivos históricos. 

Mis condolencias para su familia y amigos.

domingo, 10 de septiembre de 2017

El ataque a Manila, 1600

Oliver van Noort había salido de Rotterdam el 12 de agosto de 1598 con una flota de cuatro navíos. Llegó a las inmediaciones de Manila el 16 de octubre de 1600, tras casi dos años de una accidentada navegación y la pérdida de dos de sus naves. El Presidente de la Audiencia de Manila era Antonio de Morga, quien se vió obligado a improvisar la defensa del puerto con dos naves de comercio: la nao San Diego y el patache San Bartolomé. El 12 de diciembre las dos improvisadas naves, zarparon para hacer frente a los holandeses en la isla Fortuna. Los invasores disponían del galeón Mauritius y del Eendracht. El San Diego atacó a la nave capitana y obtuvo una rápida victoria, pero la nao española comenzó en ese momento a hundirse por una ruptura en el casco. La entrada de agua fue tan grande que no fue posible siquiera rescatar a la tripulación. Este sería el inicio de un proceso de acusaciones por negligencia en contra de Antonio de Morga. La ciudad logró ser protegida del ataque holandés a un gran precio de vidas y bienes materiales, pero se precipitó una crisis que habría de golpear al principal administrador de Manila.

Hundimiento del galeón San Diego

La crónica de Pedro Chirino, contempráneo de los acontecimientos señala:

"En otra pérdida y desgracia de estas islas (...) unos herejes corsarios de las islas (de) Holanda y Gelanda, vinieron á estas de Filipinas el mes de Octubre de 1600 á robar, como lo habían hecho en el mar del Norte á un navío de Portugueses, y en el del Sur, pasado el estrecho de Magallanes, á unas fragatas del Perú. Entraron por estas islas haciendo daños y prometiendo otros mayores. Porque se pusieron almirant y capitana (en que venía por general un Corsario, llamado Oliverio del Norte), en un paraje 6 leguas de Manila, donde forzosamente habían de embocar las naos de España, China y Japon, y ser registrados todos los navíos y embarcaciones, que de la ciudad saliesen. Contra estas dos naos salieron otras dos de la ciudad con más de trescientos hombres (la flor de la Milicia de estas islas) y mucha artillería, y pertrechos de guerra."

Continúa el cronista:

"En la nao Capitana iba el P. Diego de Santiago y el hermano Bartolomé Calvo, á petición del General Antonio de Morga Oidor de esta Real Audiencia, y otros capitanes, que con el padre se confesaban; porque tenía un trato muy apacible y sabía acomodarse á todos. Confesó primero la más de la gente y animó lo que pido para que acometiesen y peleasen. Al fin á los 14 de Diciembre reconocieron al enemigo: y cargando velas, con deseo de cogerle, barloaron capitana con capitana, abordando de suerte que se daba paso franco de una á otra. Y llegaron á quitar las banderas al enemigo, y arbolarlas en nuestra capitana prometiéndose los nuestros un gran suceso, y cantando ya la victoria.

Sin embargo, un brusco movimiento frustró la victoria en el último momento. La nave capitana se hundía y Antonio de Morga pudo salvarse nadando hasta la playa. Muchos de sus soldados no tuvieron la misma suerte:

"Sucedió que, ó por ser la nao celosa, que cargando mucha gente a la banda, recibió agua por las portañolas de las piezas bajas de artillería, ó porque con la fuerza de nuestras mismas piezas (que eran grandes) se abrió por la quilla ó por lo que Dios quiso la nao se fué a pique con toda la gente, exepto unos pocos, que quitando la chalupa al enemigo se salvaron en ella, y otros que nadando, salieron á la playa, como el General (Antonio de Morga) que con las dos banderas del enemigo salió á la marina (playa)."
El patache San Bartolomé logró apresar el Eendracht, sin embargo Oliver de Noort logró escapar.
"La almirante nuestra, que era una galizabra nueva, á cargo del almirante Juan de Arcega, aferrando con la almiranta contraria, la rindió y trajo á Manila, donde se hizo justicia de los corsarios que en élla venían. Pero entre los muertos y ahogados (que fueron ciento y nueve, Españoles, capitanes y soldados de los mejores de estas islas, y ciento cincuenta indios y negros) se ahogó también el P. Diego de Santiago. Murió con mucho valor, animando la gente, y habiéndola confesado casi toda. Viendo poco antes, que la nao se iba á fondo, y queriéndose echar á nado oyó una voz de un capitán, que le dijo: Padre oigame una palabra, que me vá mi salvación, Detúvose á confesarle con mucha caridad hasta el último trance, y después, no pareció, él, ni su compañero. Era el Padre de veintinueve años de edad, quince de Compañía: obrero de Indios y Españoles. El hermano Bartolomé Calvo, era de la misma edad, y siete de Compañía recibido en esta tierra, hermano de mucha virtud. Murió por la obediencia,á la cual fué siempre muy aficionado."

El asunto es trascendente porque inauguró una serie de ataques que iban a repetirse en los años sucesivos y como reflejo de los conflictos europeos entre España y Holanda. Incluso durante la tregua formal acordada entre ambos de 1609 a 1621, los holandeses continuaron atacando posiciones de Portugal y España en Asia y en América, como veremos más adelante.

La nao San Diego fue rescatada del fondo del mar en 1991 por un grupo de exploración, que recuperó cientos de piezas, que ahora se exhiben en el Museo Nacional de Filipinas, en Manila.El catálogo de la exposición recoge la opinión de un investigador Franck Goddio, muy crítica de la acción de Morga. Sin embargo, el historiador Patricio Hidalgo Nuchera revisa el hecho desde un enfoque mucho más amplio, como veremos en la siguiente entrada. Por lo pronto, el lector puede encontrar aquí la versión de Goddio.

Saludos a los lectores desde Lisboa, 10 de septiembre de 2017.
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(1) Chirino, Pedro. Relación de las Islas Filipinas y de lo que se ha alcanzado por los Padres de la Sociedad de Jesús. Roma: Estevan Paulino, 1604. Capítulo LXIV, pp. 199-200.

domingo, 20 de agosto de 2017

1600, Batalla de Manila 3

Concluiremos aquí el relato escrito por Antonio de Morga sobre el ataque holandés a Manila en 1600. Sin embargo, la batalla como tal en diciembre de ese año tiene varias vesiones que merece revisar ya que significó un duro golpe para el prestigio de Morga. De hecho, se llenaron muchas páginas de documentos legales, escritas por Morga, el Gobernador Tello y otros protagonistas, para echarse la culpa de las pérdidas y explicar los destrozos ocurridos.  La descripción de los preparativos es muy detallada porque serviría de base para la defensa legal de Morga: la Audiencia de Manila dispuso la defensa del puerto; el gobernador tuvo que decidir a quién poner al frente de la improvisada armada; varios ciudadanos de Manila trataron de evadir su responsabilidad en la defensa de la ciudad.

Dejamos al lector con la última parte del texto acerca de los preparativos, en la gramática original. Nótese que el autor escribe acerca de si mismo en tercera persona.

"El Doctor Antonio de Morga, traía a vista del enemigo algunos navíos muy pequeños y ligeros, cubiertos con la tierra, que le davan cada día aviso, del paraje en que quedava el enemigo, y lo que hazía, que era estarse muy de asiento, metiendo sus guardias cada día por las tardes por cima de las cubiertas, con cajas y vanderas, y disparando su mosquetería, con que se reconocía la fuerça, que este corsario traía, y que lo más y mejor della en la capitana, que era buen navío y ligero. Procurava así mismo el Oydor, que no saliede champán, ni otro navíos de la baía, porque no tuvierse aviso el corsario de lo que se hazía, y teniendo el negocio en este punto, avisó al governador lo que estava hecho, y que si le parecise, también se armase el patache Portugués, para que saliese en conserva de los dos navíos galizabra y sant Antonio de Sebú, que lo tenía embargado y adereçado para ello; proveyéronse municiones, y algunos bastimentos de arroz y algún pescado para los dos navíos, y restava el armar los de la gente de mar y guerra, que uviese de salir en ellos, de que avía poco recaudo, y los marineros se escondían y hazían enfermos, y unos y otros se mostravan de mala gana, por aver de salir a cosa más de riesgo y peligro, que de particular aprovechamiento, capitanes y soldados particulares de la ciudad, que no tenían sueldo, ni acostamiento del rey, que pudieran yr a la jornada, no se ofrecían al governador para ella, y si alguno lo uviera de hazer, se disimulava, hasta saber quién yva por cabeça desta armada, que aunque algunos capitanes de la tierra lo pudieran ser, el governador  no se inclinava a encargárselo, ni los demás quisieran yr debajo de su mando, pretendiendo y presumiendo de sí, cada un, que podía ser cabeça, y que no los avía de governar otro su vezino.
Vista de Manila, mediados del siglo XVII

"El governador era impedido para salir en persona, y vía, que toda la gente de la ciudad davan intención, de que si saliese con el armada el Doctor Antonio de Morga, irían con él, y no repararían en las dificultades que se les ofrecían, que entendida por el governador, la voluntad de los que podían embarcarse, y que por otro camino, no se podía efetuar lo que se deseava, y que la dilación de cada día era grandísimo daño; llamó a la ciudad al Oydor, y le trató del nehocio, y para que no se le escusase, proveyó un auto, que luego se le hizo notificar con el secretario del govierno, ordenándole de parte de su Magestad se embarcase, y fuese por general y cabo de a armada, en busca y seguimiento del corsario, porque de otra manera, según el estado en que las cosas estavan, no podía tener el fin que convenía. El Oydor, pareciéndole, que si lo dejava de hazer, se le pornía culpa, de aver dejado pasar tan forçosa ocasión, del servicio de Díos y de su Magestad, y del bien de toda la tierra, y que las cosas de la guerra vían estado a su cargo, y las avía manijado por mar y por tierra, y que le podría ser mal contado, bolver las espaldas en esta coyuntura, buscándole para ella; en especial, haziendo papeles sobre ello el governador, para su descargo, obedesció lo que se le ordenó, por el auto del governador, y su respuesta, que la letra es como se sigue."

En las próximas entregas de este blog describiremos la batalla y sus consecuencias para españoles y holandeses.

1600, Batalla de Manila 2

Continuamos con la descripción del ataque holandés a Manila en 1600, en la versión de Antonio de Morga. El Teniente General informa fue necesario improvisar preparativos en Manila, en vista de que parte de las fuerzas militares estaban en el sur, en Mindanao y Borneo, al mando de Juan Juárez Gallinato. Las embarcaciones disponibles eran de carga comercial, un galeón que estaba siendo preparado para el viaje a Nueva España, una galizabra o navío ligero de vela, y un patache portugués que había llegado de Malaca. Se les cargó con armamento, pero luego se supo que no se descargó la mercancía que tenía el galeón principal, el San Antonio. Se dispuso que la defensa principal fuera en el puerto de Cavite (Cabit en el texto de Morga), quizás para evitar el saqueo de Manila.

"El governador don Francisco Tello, viendo que este corsario se le yva entrando por las islas, por aviso de algunos capitanes y soldados, que avía embiado por tierra, por las costas de la isla de Luzón, para que no le dejasen echar gente en tierra, ni hazer daño en las poblazones, y de otros navíos pequeños sueltos, que traían al enemigo a la vista, trató de poner remedio a esta necesidad, que parecía en aquella ocasión bien dificultoso, así porque se hallava sin género de navíos de remos, ni de alto bordo con que salir a la mar, como, porque también tenía poca soldadesca en el campo, que lo más della lo avía llevado, y tenía en las provincias de Pintados, el capitán y sargento mayor Joan Xuares Gallinato, con galeras y galeotas y otras embarcaciones, haziendo defensa a los naturales de los navíos de Mindanaos y Xololes, que cada ora bajavan a robarlos, y apercibiéndose para la jornada, que en la primera monción se pensava hazer de Joló, que ya no se podía más dilatar.

Navío holandés en la bahía de Albay

"Viéndose el governador apretado con esta ocasión, y que el enemigo Holandés podía hazer tantos daños y presas, y irse con ellas, dejando la tierra perdida, juntó la audiencia y comunicó el caso, pidiendo le ayudasen, los Oydores por sus personas a lo que conviniese; tratóse, de lo que se avía de hazer, que era poner en defensa el puerto de Cabit, que es dentro de la baía, para que el enemigo no se apoderase dél, y de los almanzenes y artillería, y astillero de las naos, y que juntamente, luego se hiziese diligencia en armar algunos navíos, con que salir a la mar, y hazer algún rostro al enemigo (quando más no se pudiese) porque no estuviese tan de asiento en la tierra, y se saliese de las islas, pues hallándolo todo tan indefenso, y sin resistencia, avía de detenerse, hasta aconseguir sus intentos; cuya ejecución, se encargó; a el Doctor Antonio de Morga, y a el licenciado Telles de Almaçán, que se quedase en la ciudad, junto con el presidente governador, para la defensa de ella, ya proveer desde allí al puerto de Cabit al Doctor Antonio de Morga, de lo que uviese menester, para lo que llevaba a su cargo, que salió el mismo día postrero de Otubre de seiscientos, de Manila, con algunos soldados y municiones al puerto de Cabit, y lo puso en defensa con ciento y cinquenta hombres bien armados, arcabuzeros y mosqueteros, que siempre con sus cuerpos de guardia y postas, en los lugares necesarios de día y de noche, guardaron el puerto."

Importa señalar que Morga tenía certeza de que los atacantes eran holandeses, aunque en los documentos firmados por el gobernador y otros se confundía con ingleses. Entre los preparativos y la batalla naval pasaron casi dos meses.

"Juntó los navíos que en él avía, a la poblazón, lo más que se pudo cerca del astillero, donde estava la fábrica de una galizabra y un navío de Sebú, y otro patache pequeño de Portugueses, que avían venido de Malaca con mercaderías; para defensa de lo qual, en la marina puso y plantó doze pieças de artillería de bronze, de cuchara medianas, con dos de más alcance, que se plantaron en una punta, a la entrada del puerto, que una y otras jugavan en su defensa, y de los navíos que en él avía; y por la Playa adelante, se hizo una trinchea de maderos y tablazón terreplenada; tras la qual, si el enemigo entrase, se cubriese y defendiese la soldadesca de su artillería. Aviendo puesto el oydor así el dicho puerto, en defensa, trató de acabar la galizabra, aunque la faltava mucha obra, y vararla al agua, y ponerla a la vela, y así mismo, de que se adereçase la nao de Sebú, y asistiendo a esta obras, se dio tanta priesa, que puso dentro de treinta días, la galizabra y navío de Sebú, de vergas en alto, y los artilló con cada uno onze pieças medianas y mayores, que se le embiaron de Manila, sobre las que avía en el puerto."

En 30 días lograron acondicionar los barcos y armarlos cada uno con 11 piezas de artillería. Van Noort se habría enterado, quizás por comeciantes chinos, que los manilenses ya estaban preparados para repeler a los holandeses. ¿Cuál sería la defensa? Los días seguían contando y aumentando la tensión en ambas partes.

"El corsario llegó a la boca de la baía, que es ocho leguas del puerto de Cabit, no se atrevió a arrojarse en el puerto, como lo avía pensado, por aver sabido de algunos Sangleyes, que salían con champanes a la mar, que ya estava en defensa, pero no entendió, se armava para salir a él, ni que avía aparejo ni fuerça en aquella sazón para ello, y así se dejó estar a la boca de la baía, andando con ambas naos y sus barcas, mudándose unos días a una vanda, y otros a otra, tomando los navíos que entravan en la ciudad con bastimentos, sin que ninguno se les escapase, y surgiendo a las noches, a los abrigos de la tierra, todo en distancia de quatro leguas de la boca de la baía, sin apartarse más della, por estar más a mano, para las ocasiones que se ofreciesen."

Los holandeses acechaban, y detenían embarcaciones pequeñas para robar alimentos. Seguramente, después de años de viaje alrededor del mundo, no estaban en las mejores condiciones de atacar.

1600, Batalla de Manila 1

La llegada de la armada de Oliver van Noort a Filipinas en 1600 fue un acontecimiento importante porque inauguraba una nueva etapa de ataques holandeses a posesiones españolas en Asia. En cierta forma, era la extensión de la guerra europea, que afectaban tanto a los españoles como a los portugueses.  Van Noort había salido de Rotterdam in 1598 con cuatro navíos, pero al llegar a Filipinas sólo contaba con dos, el Mauritius y el Eendracht.  Las naves holandesas se posicionaron a la entrada de la bahía, cerca de la isla de Corregidor, que es la defensa natural de Manila. 

El gobernador de Filipinas era Francisco de Tello, quien comisionó al Teniente General Antonio de Morga para atacar a los intrusos. Morga relata de la siguiente manera la situación (se conserva la ortografía original):

"(... ) por el año de mil y seiscientos, a postreros del mes de Octubre, llegó un navío de la provincia de Camarines, avisando como en una baía della (sic), a la parte del Norte, veinte leguas del embocadero y Cabo del Epíritu Sancto, avian entrado y surgido dos navios capitana y almiranta bien artilladas, y con gente extrangera, que como amigos de los Españoles, pidieron y rescataron de los naturales arroz y otros bastimentos, de que venían faltos; y luego, se levaron y salieron en busca del embocadero, y entraron por él, dejando escritas algunas cartas fingidas, para el governador don Francisco Tello; diziendo eran amigos, y venían con licencia de su Magestad a Manila a sus contrataciones; por esto, y por un negro que huyó en la isla de Capul, destos navíos, echándose a la mar, y de un Inglés que en tierra prendieron los naturales, se entendió, que estas naos eran de Olanda, de donde avían salido, en conserva de otras tres de armada, con recaudos y patentes del Conde Mauricio de Nassao, que se llamava príncipe de Oranje, a hazer presas en las indias; y que aviendo entrado a la mar del Sur, por el estrecho de Magallanes, de los cinco navíos, los tres se avían desaparecido, y estos dos capitana y almiranta corrido la costa de Chile, y tomado en ella dos navíos, y desviádose de la costa de Lima, avían pasado de mar en fuera, y hecho su navegación, sin detenerse la buelta de las Filipinas, donde avían entrado con ánimo de robar lo que hallasen; e informados que se aguardava de la Nueva España, un galeón llamado santo Tomás, con la moneda de las mercaderías, de las cargazones de dos años, que de Manila se avían embiado, a la nueva España, y que dentro de pocos días començarían a venir de la China, los navíos de mercaderías en que podrían llenar las manos, y que no avía laeras ni navíos de armada en aquella sazón que los pudiese ofender, se determinaron llegar a la boca de la baía de Manila, y entreternerse por allí, proveyéndose de los bastimentos y refrescos que entrasen en la ciudad, y así lo pusieron en ejecución."





De este largo párrafo se derivan varias informaciones interesantes. Morga menciona que la armada de Van Noort contaba con cinco navíos, pero al parecer fueron solamente cuatro.  Se esperaba que llegara de Acapulco el galeón Santo Tomás, con el dinero enviado desde México con lo recaudado del comercio de los dos años anteriores. Sin embargo ese barco se hundió en 1601 cerca de Filipinas antes de llegar a su destino. Los comerciantes chinos eran esperados a principios de 1601 con mercancías para comerciar con la Nueva España. Los lectores podrán entender la ortografía de la época que nos hace imaginar la forma de narrar de un testigo presencial de esa batalla.

Sigue el recuento de Morga:

"En la (nave) capitana llamada Mauricio, yva por cabeça Oliber de Nort (Oliver van Noort) de Amstradam (sic), con cien hombres, veinte y quatro pieças de artillería de bronze de cuchara, que este navío fue uno, de los pocos años antes se hallaron con el conde de Leste, en la toma de la ciudad de Cádiz, en la almiranta, llamada Concordia, yva por capitán Lamberto Viesman de Roterdam, con quarenta hombres y diez pieças de artillería. Quando estos navíos fueron vistos en la costa de Chile, el Virrey don Luis de Velasco, que governava el Pirú, embió en su busca, y seguimiento por la costa de Pirú, y Nueva España hasta la California una armada de navíos bien artillados, y con luzida gente, que salió del Callao de Lima, a cargo de don Joan de Velasco, que no pudieron hallar al enemigo, por averse desviado de la costa, y enmarádose siguiendo su viaje a las Filipinas, y con un temporal que le sobrevino a la armada del Pirú, quando bolvía de la California, se perdió la capitana della, con toda la gente, que nunca más pareció."

 Ya hemos comentado aquí el ataque a Cadiz y en la entrada anterior las acciones tomadas por el virrey de Perú.  Los cañones de cuchara adquieren su nombre por que se cargan por medio de un instrumento llamado cuchara. Enmarádose, podría ser adentrarse en el mar abierto.
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Texto publicado por Patricio Hidalgo Nuchera, del libro Antonio de Morga, Sucesos de las Islas Filipinas,  Madrid: Ediciones Polifemo, 1997. El libro original fue publicado en México en 1609

La travesía de Oliver Van Noort

A medidados del siglo XVII, el escritor holandés Isaak Commelin hizo un recuento de los ataques realizados por sus compatriotas en diferentes rutas y puertos del mundo (1). Aparecen en ese libro las narrativas de viaje de legendarios capitanes que recorrieron el mundo. En la literatura en español aparecen varios de esos nombres, mezclando a los "enemigos herejes" como piratas ingleses y holandeses, muchas veces con cambios irreconocibles (el inglés Francis Drake era llamado Francisco Dragón en el Caribe), que causaron como los huracanes momentos de destrucción en los puertos ibéricos.

Un estudio breve en español sobre las expediciones y ataques holandeses en el Pacífico entre 1595 y 1651 fue escrito por Ana Crespo Solana, y publicado en 2013 por el Instituto de Historia del CSIC. Puede ser bajado aqui en PDF.

En esta ocasión haré mención de las trayectoria de uno de los comandantes de la armada holandesa que contribuyeron a la inserción de Holanda en la región asiática y que amenazó la seguridad de Filipinas a fines del siglo XVI. Esta vez nos referiremos a Oliver van Noort (1558-1627). Este comandante holandés se destacó por ser el primero de esa nacionalidad que dió vuelta al mundo emulando el viaje de Magallanes (2). Su intención, como la de los demás almirantes holandeses, era dominar el comercio de especias y establecer una posición en el sur de Asia y la costa de China. En ese tiempo, los holandeses no habían tomado control de Jakarta, cuyo primer nombre fue Batavia, como centro de operaciones en el sudeste de Asia.  Para lograr sus objetivos era necesario atacar posesiones españolas y portuguesas  en el sureste de Asia.  Oliver van Noort partió  el 2 de julio de 1598 de Rotterdam con cuatro barcos que iban escasamente pertrechados, con poco armamento, y con una tripulación apenas preparada para la larga travesía.  Era una empresa privada, financiada por Pieter van de Hagen y Johan van der Veken, dueños de la Magellanse Compagnie, señala Crespo Solana.

La flota bordeó la costa occidental de África, a la altura de la isla del Príncipe, en Guinea, donde se enfrentó con los portugueses y perdió parte de la tripulación. Cruzó el Atlántico sur y llegó en 1599 a las costas de Brasil, donde volvió a encontrar portugueses, bajando luego hacia Argentina donde se enfrentó a los habitantes de la zona del actual Puerto Deseado en la Patagonia. De ahí la flota se dirigió hacia el estrecho de Magallanes para tomar descanso en las islas Penguin, donde avistó las bahías a las que dieron nombre de Olivier, Mauricio y Hanry. En 1600 ya estaba frente a las costas de Chile, donde supuestamente fue apoyada por los habitantes Mapuches y luego se dirigió a Perú, ante la alarma de las autoridades virreinales. Van Noort atacó a su paso los puertos de Arica, Valparaíso y el Callao, donde sorprendió  a varias naves. Gobernaba Perú el virrey Luis de Velasco y Castilla (quien antes había sido virrey en México), quien tomó precauciones para proteger en la medida de lo posible la llegada del galeón procedente de Filipinas hacia Acapulco. el virrey dispuso una armada para detener a Van Noort in Panama, calculando que se dirigía hacia México.

Mapas publicados por Commelin

Van Noort se enteró por Francisco Ibarra, piloto del navío Buen Jesús, de las condiciones en la costa del Pacífico y decidió acelerar sus planes. Se cuenta que al momento de enfrentar a los holandeses, el piloto español prefierió arrojar al mar 52 cajones de oro en polvo y unas 500 barras del precioso metal. Fue asesinado por los holandeses. Otro piloto prisionero fue Juan Sandoval, a quien utilizaron para proseguir rumbo a las Filipinas, pasando por Guam y llegando al sur del archipiélago filipino.

En diciembre de 1600 Van Noort atacó Manila, intentando hacerse pasar por un comerciante en son de paz.  Esa sería una batalla en la que destaca el nombre del Teniente Gobernador Antonio de Morga.  Esa confrontación permitió alejar a los holandeses, pero causó la pérdida de vidas y carga de una de las naves españolas. En la próxima entrada daremos la visión de Antonio de Morga sobre los acontecimientos.


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(1) Isaak Commelin, Colección de Viajes realizados por la Compañía de las Indias Orientales para Mejorar el Comercio y la Navegación, con un Reecuento de los Varios Intentos para Encontrar un paso en el norte y los Descubrimientos en las Indias Orientales y en los Mares del Sur, junto con una Instroducción Histórica, Dando Cuenta del Ascenso, Establecimiento y Progreso del Gran Cuerpo. (se entiende que la Compañía de las Indias Orientales) El libro incluye 23 viajes realizados entre 1597 y 1636. La primera traducción al inglés apareció en Londres, publicada por W. Freeman,  en 1703.

(2) Después de Magallanes, el segundo giro alrededor del mundo fue el de García Jofre de Loaisa, 1525-36, o  más bien de su tripulación, entre ellos Andrés de Urdaneta.  El tercero, Francis Drake, 1577-1580, y el cuarto Thomas Cavendish, 1586-1588. La expedición de Van Noort sería la quinta en la lista.

sábado, 15 de julio de 2017

Mar abierto, mar cerrado

Seguimos con las batallas navales que se sucedieron alrededor del 1600 y que paulatinamente consolidaron las posiciones de los holandeses en los territorios inicialmente controlados por Portugal y España en Asia. Los ataque se dieron también en América y en África, siempre con el propósito de mellar la fuerza del entonces más importante imperio a nivel global. El propósito de estas notas es situar los diferentes choques en el contexto de un conflicto europeo que por vez primera se extendió al resto del mundo. Generalmente se han visto estas batallas como actos de heroísmo o de cobardía, dependiendo del lado que lo narre, sean los portugueses y españoles o los ingleses y holandeses.

Hemos visto cómo los holandeses había logrado consolidar una fabulosa industria naviera que sirvió de inmediato como instrumento de guerra. En el transfondo del conflicto por la independencia de Holanda también se incluye el cisma religioso que había dividido a Europa desde casi un siglo antes, representado por la Reforma Luterana y la ruptura de los protestantes con el Papado de Roma. He querido insistir en el aspecto económico y comercial que impulsaba a los holandeses en busca de nuevos mercados y su idea de acabar con la preminencia ibérica en amplias regiones del denominado "Nuevo Mundo", sin embargo, todos los elementos anteriores se combinaron en el conflicto que enardeció a muchas poblaciones en el planeta.
Isla de Cocos, The East and West Indian mirror: being an account of Joris van Speilbergen;s voyage round the world (1614-1617), and the Australian navigators of Jacob Le Maire. Hakluyt Society, 1906

Desde el punto de vista holandés (y en cierta medida  también de Inglaterra) las acciones violentas se fundaban en un concepto del derecho a conquistar, bajo un principio de guerra justa que ellos identificaban como la lucha contra el opresor. Para la monarquía Habsburgo, representada por Felipe II de España, la situación en los Países Bajos se trataba de rebeldes de una provincia del Imperio, los cuales debía ser castigados. Por cierto que la diferencia entre holandes e ingleses corresponde hasta cierto punto en que Inglaterra era un reino en toda forma, mientras que las Provincias Unidas (Holanda) hasta aquel momento aún no eran reconocidas como una soberanía. A largo plazo estos enfrentamientos condujeron a dos formas de pensamiento capitalista un tanto diferentes, que ahora se quieren endulzar como formas modernas y eficientes para describir el estilo de los países del norte de Europa.

Las acciones de los holandeses antes de 1602 eran amparadas por empresas creadas al momento, Voorcompagniën (compañías iniciales), en las que pequeños grupos de inversionistas, usualmente de una sola ciudad, escogían un capitán dispuesto al riesgo y enviaban tropas a la aventura. Sin embargo, los Estados Generales de Holanda tomaron la decisión en ese año de formar la Compañía de las Indias Orientales (la famosa VOC) para defender sus derechos comerciales y atacar a los enemigos. (*)

El uso de la piratería formaba parte del mismo paquete de acciones ideológicas, políticas y económicas de los holandeses.  El problema es que, como la drogadicción, los holandeses se acostumbraron a obtener botines cuantiosos atrapando las naves portuguesas y españolas y fue muy difícil romper con ese ciclo de dependencia económica del tesoro apresado en el mar. Otra cosa es que ahora se le quiera dar un tono heróico, de aventura, o incluso de modernidad económica. No faltan quienes colocan la intrépida manera de los corsarios ingleses y holandeses como una muestra de la superioridad tecnológica anglosajona, del espíritu capitalista y de la ética protestante.

En los siglos sucesivos ese modelo anglosajón se impuso por la fuerza, con métodos que no fueron inventados por los holandeses pero si refinados por ellos, como las plantaciones de azúcar y algodón, la esclavitud en masa, la migración forzada de sus clases más desposeídas con la promesa de obtener tierras y esclavos, y el control racista de las poblaciones. Sobre esas experiencias, en el siglo XVII comenzó un proceso masivo, casi industrial, que arrasó a poblaciones enteras a nivel mundial y en el que aún estamos instalados. Quedaban relegadas las discusiones que se dieron en los años 1550-51 en Salamanca, confrontando las ideas de Bartolomé Díaz de las Casas y de Ginés de Sepúlveda, y que dieron paso a un cuerpo jurídico de tipo humanista, que intentaba corregir la tragedia de los primeros años de la conquista en América. Un siglo después de la conquista de América, el  coctel religioso, político e ideológico que arrasó a Europa, incluyendo también a España y Portugal, fue el punto de arranque de lo que ahora llamamos modernidad temprana.

Duelistas en el trópico

Todos esos conflictos fueron transladados a territorios recién conquistados y estuvieron presentes durante todo el siglo dieciséis. En el terreno del derecho que ahora llamamos internacional se discutió la facultad del Papa de repartir territorios y de privilegiar a Portugal y a España desde los tratados de Tordesillas en 1494.  Holandeses e Ingleses recusaban esa acción del Papa y alegaban que se debía tener un mar abierto y abrir la oportunidad para todos los estados europeos en la consecución de conquistas. En el contexto de esa controversia, los ataques a embarcaciones ibéricas eran consideradas por unos como rapiña o despojo de piratas, mientras que los otros lo consideraban derecho a expropiar a los ibéricos. Resultado de ese debate jurídico, por ejemplo entre el holandés Hugo Grocio, Mare Liberum, y el portugués Serafim de Freitas, Mare Clausum, como resultado del ataque en 1603 del navío portugués Santa Catarina en aguas de Malasia, que veremos más adelante.  Lo que importa en esta entrada es señalar que este debate sobre el derecho a usar el mar forma parte del cuerpo jurídico que aún rige al mundo.

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(*) Existe una amplia literatura en inglés y por supuesto en holandés, pero no tanto en español. Ver Israel, Jonathan I. La República holandesa y el mundo hispánico, 1606-1661.Madrid: Editorial Nerea, 1997. Un ensayo acerca de cómo terminó el siglo XVI en esta querella fue publicado por Carlos Martínez Shaw, "El Imperio Colonial Español y la República Holandesa tras la Paz de Münster:, en Schepper, Hugo de (ed.) 1648. La paz de Münster. Revista Pedralbes, 19 (1999), 117-129. Un trabajo de grandes proporciones y fino detalle está escrito por Peter Borschberg, Journal, Memorials and Letters of Cornelis Matelieff de Jonge. Security, Diplomacy and Commerce in 17th-century Southeast Asia. Singapur, NUS Press, 2015. Crespo Solana, Ana, "Las rivalidades hispano-neerlandesas en el Pacífico y la conquista de Australia: de Cornelis de Houtman a Abel Janzoon Tasman (1595-165)", Anuario de Estudios Americanos 70, 2. Sevilla, julio-diciembre, 2013, 479-507. En México se publicó en 2015 un libro que comentaré próximamente, escrito por Eder Antonio de Jesús Gallegos Ruiz, Fuerzas de sus Reinos. Instrumentos de la guerra en la frontera oceánica del Pacifico hispano (1571-1698). México:  Palabra de Clío, 2015. Ver la sección "El hierro de los Orange", pp. 221-251.


martes, 13 de junio de 2017

Batallas en el mar 2

El Rey Felipe II (1527-1598) probó los sinsabores del poder a cada paso de su reinado (1556-1598). Una victoria militar como la obtenida contra los turcos (Batalla de Lepanto, 1571) iba acompañada con frecuencia por el abultamiento de las deudas para pagar a los soldados. Su coronación como Rey de Portugal en 1581 parecía indicar la cúspide de algo similar a un imperio universal, pero unos años más tarde, en 1588, la derrota naval en las costas de Inglaterra mostraban que todo poder imperial tiene límites. (1)

El regreso a Amsterdam en 1599
Andries van Eertvelt.

El apaciguamiento de un conflicto se veía interrumpido por una revuelta o por el acoso de los enemigos en Europa. Quizás una de las situaciones más complejas y novedosas fueron los ataques que se comenzaron a registrar en las posesiones españolas en América y Asia por parte de piratas ingleses como Francis Drake o Thomas Cavendish (captura del galeón Santa Ana frente a las costas de California en 1587). Felipe II falleció en 1598 sin haber podido resolver el gran problema de la revuelta de los Países Bajos. El conflicto europeo comenzaba a globalizarse y llegaba a varios rincones poco antes desconocidos del planeta.

Al finalizar el siglo XVI, la aparición de corsarios holandeses se volvió altamente preocupante tanto para los administradores portugueses en India, como para los españoles en Filipinas.  Los holandeses, por su parte, dieron gran prioridad en la última década de ese siglo al desarrollo de su marina y a la exploración de nuevos territorios. Lanzaron expediciones hacia Canadá, el noreste de Estados Unidos, el mar de Barents (nombrado en honor el expedicionario que lo encontró al buscar un camino, por el norte, hacia China).  El Sudeste de Asia se convirtió rápidamente en el espacio preferido de los holandeses para desplegar sus velas y arrebatar la carga de los galeones españoles y portugueses en la zona; justificando así su causa independentista con el daño económico producido al imperio Habsburgo.

La competencia naval

Afectar el comercio de España y Portugal en el Atlántico, en el Índico, o en el Pacífico, era una estrategia riesgosa. En contraste, en tiempos de paz o de guerra se abrió un frente económico que dio notables resultados: la competencia para construir barcos más baratos.

Los holandeses, escasos de madera, desarrollaron un barco de transporte especializado llamado fluyt, "que era ligero para su tamaño y tenía poco entablado en el interior. No era adecuado para la guerra, ni podía llevar muchos cañones, pero aquel buque de carga no fortificado era barato de construcción, muy económico en su uso y utilizable siempre que  las circunstancias fueran de paz." (2) Carla Rahn Phillips señala que los holandeses tenían más dificultades que los españoles para conseguir madera, lo que motivó el diseño de este nuevo tipo de embarcación. Los españoles continuaron desarrollando los grandes galeones, no únicamente en la península (usando los bosques alrededor de Bilbao), sino construyendo navíos en Nueva España y en Filipinas.

Contrario a la idea de que en España se descuidó la construcción naval en aquellas décadas, las cifras señalan que se invirtieron enormes sumas de dinero, pero no se hicieron grandes cambios en la tecnología debido a la presión que se tenía en dos terrenos: el comercio y la defensa. Los gastos de mantenimiento, carenado, de marineros especializados y defensa de puertos, se convirtieron en una carga enorme para el imperio español.  El acicate de los holandeses obligó a los españoles a invertir en su propia industria naval, pero la estructura administrativa del imperio reducía la eficacia de las medidas. En caso de necesidad se recurría a los embargos, es decir, a tomar embarcaciones particulares a cambio de una compensación. Los dueños de barcos no estaban conformes con esa política, a menos que se tratara de periodos de baja atividad o que el pago del sueldo (renta para compensar) fuera competitiva. (3)

El investigador Iván Valdez-Bubnov, quien ha estudiado la evolución de la industria naval española a lo largo de los siglos XVI y XVIII, explica de qué manera las estrategias imperiales de la época de los felipes se caracterizaron por una cierta descentralización en la construcción de barcos. Esa tendencia fue modificada en el siglo XVIII. Lo que cabe apuntar en este breve recuento es que, en el terreno económico y técnico,  la competencia naval de españoles, portugueses, holandeses e ingleses, inauguraba la época en que el dominio marítimo se volvió la clave del poder mundial.

La celebración de la técnica de la madera
(presiona para agrandar la imagen)

La historia de los holandeses es diferente porque siempre estuvieron a merced del mar. Metro a metro ganaron terreno al mar con los diques que penosamente construían. También enfrentaron al mar navegndo en las difíciles aguas del norte de Europa. Como se hizo mención, la construcción de barcos adecuados para la pesca y el tipo de navegación de los mares del Norte y Báltico, impulsó el desarrollo de técnicas específicas de armazón naviera. La producción orientada a la navegación se extendió por todo el pequeño territorio de la actual Holanda, dando pie a circuitos productivos que integraban la provincia y los puertos-ciudades. Entre los avances más destacados se hallan los barcos de arenque, que se convirtieron en verdaderas fábricas en el mar, y que llevaban a puerto el producto ya procesado. Otro avance técnico fue el desarrollo de aserraderos mecanizados. La escasez de madera obligaba a procesar la madera traída del exterior y satisfacer la demanda holandesa y de sus vecinos. La invención del aserradero mecánico atribuido a Cornelis Corneliszoon fue un gran avance para la economía de la región. Un desarrollo que formó parte de esta industria fue la producción masiva de velámenes para la navegación, con base en la tradicional producción de manta de lino, combinada con algodón y seda. Es paradójico que los holandeses hicieron buen negocio vendiendo en diferentes momentos velas de barco a sus enemigos, España, Portugal, Inglaterra y Francia. (4)

Ataque holandés contra embarcaciones españolas en Asia

Seguiremos mostrando el despliegue holandés en Asia en las próximas entradas de este blog. Esta crisis de dimensiones globales llegó a afectar directamente la operación del comercio en Manila.

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(1) No uso aquí el lenguaje de la derrota de la "Armada Invencible", que es de uso común en la literatura inglesa. Fue una crisis para la política exterior de Felipe II, pero no fue definitiva. Un análisis de fondo debe mostrar que hubo una combinación de circuunstancias adversas, desde problemas de coordinación del lado español y condiciones atmosféricas. Para leer más sobre esto, César Cervera ha escrito varias notas.

(2) Rahn Phillips, Carla, Seis Galeones para El Rey de España. La defensa imperial a principios del siglo XVII, Madrid: Alianza Editorial, 1986 pp, 47-50.

(3) Valdez-Bubnov, Iván. Poder Naval Y Modernización Del Estado: Política de Construcción Naval Española (Siglos XVI-XVIII). México: UNAM, 2011. México: UNAM, 2011.

(4) Vries, Jan de, y Van der Woude, Ad. The First Modern Economy. Success, Failure, and Perseverance of the Dutch Economy, 1500-185. Cambridge: Cambridge University Press, 1997. 

Batallas en el mar 1

El conflicto entre Holanda y España se globalizó. Aquí coloco algunas imágenes de la escena pintada  por Hendrick Cornelis Vroom sobre la Batalla de Gibraltar en 1607. En ese momento, la flota de Jacob van Heemskerk atacó a la escuadra española amarrada en el puerto de Gibraltar.

(Presione para agrandar la imagen)





miércoles, 7 de junio de 2017

Alarma en Asia portuguesa

En una carta fechada en Malaca el 30 de abril de 1600, el obispo de esa ciudad Dom Joāo RIbeiro Gaio, escribió al Rey Felipe (Tercero de España y Segundo de Portugal) acerca de la llegada de una docena de barcos holandeses a las inmediaciones del estrecho de Malaca y de la región de Java. Con alarma, el  Obispo explica las acciones comerciales y las alianzas que los comandantes rebeldes fueron realizando en los reinos de Aceh (en Sumatra), Java, Sonda (entre Sumatra y Java), Banda y Bali. Con extremo detalle relata la salida de la armada desde el norte de Europa en 1598, su paso por las costas de Madagascar y su recorrido por la parte sur de los dominios portugueses en la región.

En enero de 1599, señala el Obispo, cuatro de los barcos holandeses cargaron pimienta y otras especias, como nuez moscada (nutmeng) y clavo de olor. En cuanto pudieron, regresaron a Holanda. No hubo problemas ni enfrentamientos con los locales o con los portugueses. Dejaron, según el informe, buena imagen e intercambiaron armas no solamente con la gente de Java, sino con comerciantes de Fujián que estaban en la zona. Esa noticia era una llamada de alerta para los portugueses, pues otros europeos asomaban las narices por la zona que habían dominado por casi todo un siglo y fueron bien recibidos por los gobernantes locales. "Dios nos ampare de que eso suceda" exclama en el obispo en su misiva.

Una imagen rudimentaria de la isla de Java, con el Estrecho de Sonda, siglo XVI


El estrecho de Sonda en la dimensión real

Del resto de la expedición, las cuentas son como sigue: dos barcos recorrieron la costa norte de Java y fueron vistos cerca del fuerte portugués de Ambon y adquirieron  clavo de olor. Se desconoce su situación. Otros dos navíos viajaron en una ruta similar y cargaron a placer nuez moscada y macis en las islas Banda. Regresaron a Sonda y de allí a Holanda en agosto de 1599. Otros dos barcos se estacionaron en Sonda, en espera de cargar pimienta. Hasta enero de 1600, señala el obispo, no se tenía conocimiento si ya habían partido del lugar. Los último dos barcos, de 12 que salieron un par de años antes de Europa, llegaron a Aceh, en Sumatra en julio de 1599. Hicieron negocio y alianza con el sultán musulmán de ese reino, pero algunos comerciantes portugueses que estaban en el lugar advirtieron que los holandeses eran rebeldes y que no eran bien vistos por el Estado da India. Se registró un conato de violencia, pero los holandeses escaparon, dejando atrás a dos miembros de la tripulación, que resultaron ser portugueses. Estos habían sido capturados en la ruta de Brasil a África y, podemos especular que fueron la fuente de información del obispo. (1)

Dom Joāo RIbeiro Gaio fue un personaje excepcional, mezcla de jerarca religioso, misionero, con espiritu de comerciante y con ambición de conquista.  Escribió abundante información sobre el Estado da India durante su estancia en Malaca, de 1578 a 1601. Su obra más notable son los llamados roteiros, o descripciones del territorio y rutas de navegación, como contribución al conocimiento de las operaciones portuguesas para el nuevo monarca de origen español. Tales documentos son de gran valor geográfico y etnográfico. (2) Como se puede apreciar en los mapas de esta entrada, el conocimiento geográfico era muy rudimentario y durante largo tiempo fue motivo de confusión entre los europeos que se adentraban en la zona.

La historiadora Paulina Machuca ofrece una contextualización de los proyectos ibéricos en el Sudeste de Asia, precisamente cuando llegaban a disputar el terreno los holandeses y los ingleses, entre otros. El beligerante Obispo portugués "propuso ambiciosos proyectos de conquista territorial que implicaban una cooperación hispano-portuguesa y la utilización de Manila y Malaca como bases de operación.  Uno de ellos contemplaba la toma de Siam. (La crueldad de los gobernantes)  fue uno de los argumentos que se esgrimieron para el plan de intervención, pero en el fondo se codiciaba el reino de Siam por su riqueza en recursos naturales como benjuí, índigo, madera para la construcción naval, y por localizarse en un cruce importante de mercancías." En la lista de encuentran más propuestas, que implican un cierto giro de la política portuguesa de expansión, ajustada en ese momento a lo que se percibía como el estilo español de conquista. (3) 

El Obispo solicita en su misiva al Rey una acción decidida para atacar a los holandeses en aguas del Sudeste Asiático y diseña un plan para controlar bastiones que pueden ser usados por otros europeos, entre otros, Aceh, Sonda, Patani, Camboya y Siam. Esta estrategia serviría para reforzar el dominio del Estado da India en la zona de las especias. Como hemos visto en este blog, los intentos de conquista soñados por los ibéricos al final del siglo no se cumplieron.  Hemos narrado otros planes de conquista, desde la quimérica Conquista de China hasta el caso de Camboya.

En el Archvo General de Indias se conserva otra carta dirigida al Rey sobre el tema de la defensa. Esta es de Andrés Furtado de Mendoza sobre la misión que el virrey de la India, Aires de Saldaña le había encomendado de llevar una armada hacia el sur de Malaca y construir  fortalezas en Dachem y Sonda, para controlar el comercio de la pimienta frente a los holandeses. Da cuenta de su jornada y menciona que le acompañaron el capitán Lope de Almeida, José Pinto da Fonseca, Sebastián Suarez de Albergaria, vecino de Cochín, Trajano Ruiz de Castello Branco y su hermano Gonzalo Vaz de Castello Branco, André Guedes y Andrés Pessoa, vecino de Malaca. Encontraron navíos holandeses y se dirigieron a la fortaleza de Ambon, cuyo capitán era Esteban Teixeira de Macedo (4). Aún no se había declarado una guerra entre Holanda y Portugal, pero el conflicto ya estaba presente.

Este sería el inicio de una prolongada confrontación en el Sudeste de Asia, que acarrearía consecuencias para los poderes europeos en el siglo XVII y sentaría las bases del dominio colonial europeo de los siglos posteriores. En las próximas entradas volveremos con este tema.

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(1)  El documento en inglés aparece en: Borschberg, Peter. Hugo Grotius, the Portuguese, and Free Trade in the East Indies. Singapore: NUS Press, 2011.  Este investigador explica que la carta del Obispo se encontraba un par de años después entre los papeles de Hugo Grocio, traducida al holandés. El famoso jurista defendía la presencia de los navíos holandeses en aguas de Asia y América, discutiendo principios de libre comercio, soberanía, guerra justa y el derecho a hacer alianzas, lo que permitía a los holandeses defender sus acciones que, del lado español, eran consideradas simple piratería.
 
(2) Souza, George B. The Boxer Codex. Transcription and Translation of and Illustrated Late Sixteenth-Century Spanish Manuscript Concerning the Geography, Ethnography and History of the Pacific, South-East Asia and East Asia. Translated by Jeffrey S. Turley. Vol. 20. European Expansion and Indigenous Response. Leiden/ Boston: BRILL, 2016. Los textos han sido publicados recientemente, a partir de su versión en español.
 
(3) Machuca, Paulina. “El sueño del Gran Pacífico en el ’Tercer y Nuevo Mundo": La Jornada de Camboya de 1596.” A 500 años del hallazgo del Pacífico. La presencia novohispana en el Mar del Sur, Carmen Yuste López y Guadalupe Pinzón Ríos (coordinadoras), 2016, 163–88.

(4) ES.41091.AGI/23.6.498//Filipinas, 35, N.4